Así que pasen cinco años
Federico García Lorca · Publicado en 1931
Así que pasen cinco años, una obra extraordinaria de Federico García Lorca, es un ejemplo brillante del "teatro imposible" que caracteriza una parte significativa de la producción teatral del poeta granadino. Escrita en 1931, la obra se convierte en un presagio trágico del destino de su autor, asesinado exactamente cinco años después de completarla. Con un lenguaje impregnado de surrealismo, Lorca explora temas universales como el amor, la muerte y el inexorable paso del tiempo.
La obra se desarrolla en tres actos y cuenta con una serie de personajes que desafían la lógica y la realidad, moviéndose en una atmósfera onírica y metafórica. El primer acto transcurre en una biblioteca, donde la Mecanógrafa expresa su amor no correspondido por el Joven, quien está inmerso en una conversación con el Viejo. La escena se complica con la llegada de dos amigos: uno fanfarrón y mujeriego, y el otro, un hombre que desearía retroceder en el tiempo. En esta biblioteca, también deambulan dos figuras inquietantes: el Niño muerto y la Gata muerta, que aportan un aire de misterio y fatalidad.
En el segundo acto, el escenario cambia a un entorno de amor y traición. La Novia, tras vivir un apasionado romance con el Jugador de Rugby, se enfrenta al dolor del Joven al encontrarse con él cinco años después. La fuga de la Novia con el jugador provoca un profundo pesar en el Joven, quien, guiado por el Maniquí del traje de novia —una figura metafórica—, es alentado a buscar consuelo en la Mecanógrafa, a pesar de la desaprobación del Viejo.
El tercer acto se sitúa en un bosque, donde la Mecanógrafa ofrece a la Máscara una versión alterada de su historia con el Joven, afirmando que fue ella quien lo abandonó. El Joven, tras un intenso diálogo con Arlequín y Payaso, finalmente se reencuentra con la Mecanógrafa, quien le plantea una cruel condición: esperar otros cinco años para estar juntos. De vuelta en su hogar, el Joven percibe cambios inquietantes y, en un juego metafórico con los tres Jugadores de cartas —representaciones de las parcas—, pierde el as de corazones y, con él, su vida.
Considerada inicialmente como irrepresentable, Así que pasen cinco años no ve la luz en un escenario hasta 1959 en París. En España, el reconocimiento escénico llega en 1978, cuando la obra se estrena comercialmente en el Teatro Eslava de Madrid. Esta obra maestra de Lorca, a pesar de las dificultades de su puesta en escena, ha dejado una huella imborrable en el teatro contemporáneo, siendo una oda a la complejidad de los sentimientos humanos y la naturaleza efímera de la vida.
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