En "Helena" de Eurípides, compuesta en el 412 a.C., el célebre dramaturgo griego nos ofrece una reinterpretación radical de la mítica figura de Helena de Troya, desafiando las convenciones del género trágico y el relato tradicional. En lugar de la historia conocida en la que Helena huye con Paris a Troya, desencadenando una devastadora guerra, Eurípides presenta una versión en la que Helena nunca abandonó a su esposo Menelao ni puso un pie en Troya.
En esta obra, Helena ha vivido en Egipto bajo la protección del rey Proteo, quien la mantiene segura y respetada, cuidando su virtud para su legítimo esposo, Menelao, el rey de Esparta. Sin embargo, tras la muerte de Proteo, su hijo Teoclímeno asume el trono y comienza a acosar a Helena, deseando casarse con ella. El destino de Helena se complica cuando Menelao, tras años de errar por los mares, naufraga en las costas de Egipto.
La trama se desarrolla en la tumba de Proteo, donde Helena, con el corazón afligido por las noticias de la guerra librada por una mera ilusión, una imagen hecha de nube que fue llevada a Troya en su lugar, debe enfrentarse a la amenaza de Teoclímeno. Teucro, un guerrero que regresa de Troya, informa a Helena, sin reconocerla, sobre los horrores de la guerra y la muerte de su madre Leda, quien se quitó la vida por vergüenza.
Menelao, tras sobrevivir al naufragio, encuentra a una anciana que le pone al tanto de la situación con Teoclímeno. Desesperado y confuso, empieza a sospechar que su verdadera esposa podría estar viva. Al encontrarse finalmente con Helena, la duda lo asalta, pero un mensajero le revela que la Helena con la que viajaba se desvaneció en el aire, confirmando que la mujer ante él es la auténtica Helena.
En un juego de identidades y apariencias, Helena despliega su inteligencia y habilidades para liberarse del peligro que representa Teoclímeno, con la ayuda de Menelao y su fiel determinación. Eurípides nos ofrece una Helena virtuosa y astuta, eximiéndola de toda culpa en la guerra de Troya, mientras desafía las narrativas establecidas de su tiempo, revelando la fragilidad de la verdad y la fuerza de la identidad.